martes, junio 24, 2014


Levanto los ojos hacia la lluvia, una lluvia de humo y hastío que no moja, solo consume y quema, tiembla y se queja de ser agua o tiniebla. Elevo la mirada y te observo encendida, casi de fuego, me invento el liviano recuerdo de tu rostro. La lluvia me moja y me inflama, solo lo suficiente para humedecer la memoria.

Y así empapado, corro calle abajo, a buscarte, escucho el sonido de las pisadas sobre el adoquín mojado. Cierro los ojos para sentir tu geografía dibujada: aquella penumbra que late en tu antigua desnudez. Sabe a memoria y saliva tu recuerdo.
Llego, y nada se mueve, la lluvia se queda estática, como alfileres de agua o ceniza, las horas, el tiempo, mi corazón, no se mueven: he llegado al umbral de tu puerta que ahora es astilla que quema. Mi mano en alto, a punto de tocar tu puerta, y todo empieza a moverse repentinamente. Arde la lluvia que me empapa.

Me regreso ignoto y callado, con las manos en los bolsillos y los pies ciegos, con la sed de gritar adentro de tus ojos. Vuelvo el rostro y casi te miro en la ventana, nadie me ve, nadie, la calle desierta, solo la lluvia sigue mojando mi memoria…



miércoles, junio 26, 2013



Tu nombre es rostro o camino, sombra apenas.
Se ha transformado en grito tu memoria
un grito asfixiado y sin oleaje
que derrama horizontes pensativos
detrás de la ventana del olvido.

Tras la ventana hay nuevos rostros
o nombres o párpados, hay deshielos,
una sutil vibración de golondrina,
hay asteriscos atascados
y tildes trasparentes,
hay sin duda ese extraño mediodía
donde llovieron las letras de tu nombre

Tu nombre es campo de batalla, apenas muero...


miércoles, marzo 20, 2013


Fotografía de Jacob Sutton


Inquieto resplandor de arcilla
emana el poeta

sangre de letras y árboles y pestañas
que giran el nombre del agua
y transfiguran piedras pensativas
en palabras

un relámpago suspira luces y pájaros
la noche se desviste y canta
tu poesía finge ser esquina o entraña
acaso verso, recuerdo, o camino
yo la recorro y la leo sin ojos
sólo con ventanas
por donde ingresan tropezando
tus palabras

al pie de un mundo me siento y escribo
desde adentro me veo en gemidos
la letra es tiempo
es latido llorando luz, o ladrillo
escribo colgado de la tierra
una vocal estalla
en mil palabras

Tranquila mirada de sangre
bebe el poeta…

©Patricio Sarmiento Reinoso

lunes, enero 07, 2013




Llegas desplegando mi tarde en tus mañanas,
acentuando tus pasos recién plantados,
recién limpios de rocío y caricia;
llegas mojada de hojas y de trueno,
me insinúas en un abrir y cerrar de orillas,
que tu deseo petrificado
es manantial o cascada.

De silencio se pueblan tus miradas ya habitadas,
se detienen a mares cuando llegas,
y tus ojos,
me miran y respiran reflejos transparentes,
transeúntes distancias
que fingen ser llama o latido.

No hay mejor agonía que cuando llegas,
y explotan tus esporas monosílabas
al sur de mi cama,
suspendidas entre tus muslos y mi ventana;
tu desnudez fugitiva me hace señas,
se detiene, se da vuelta, se derrama,
y convive en mi piedra,
mientras llegas…

miércoles, agosto 22, 2012

TRIPTICO DE RECUERDOS

La piel queda expuesta junto con tu recuerdo, y palpita serena en la memoria, con un pálpito cenital en las entrañas, un parpadeo de fuego o escama, que se instala de lleno en el silencio, se revuelca con la sombra o cadena y rebusca tus ojos en las orillas perdidas del ayer. 

Y fue precisamente en tus ojos que me interné por entero, descubrí el follaje de tus pestañas de aluminio y relámpago, me aventuré y moré en ellos, sujeto de una mirada que tenía mirada propia, y me envolvía nocturno para yacer en ella, como si un mar hecho cielo me mirara. 

 Pero ahora que el recuerdo se hizo piedra que respira, que las palabras se expanden y crepitan junto al fuego, puedo evocar tu longitud de mujer: una mujer descalza y desnuda, que me embestía con besos de niebla y carmín. Me percibo tantas veces anegado en su humedad de mujer.

 La piel se manifiesta de frente al recuerdo. Un latido la mira…

 
©Patricio Sarmiento Reinoso

miércoles, julio 11, 2012


Dos silencios gimiendo éramos,
abrazados de besos y piernas,
cerníamos las horas de la noche,
entre sábanas y susurros clandestinos.
Hallábamos auroras resurrectas de cristal o espanto,
empañando ventanas y suspiros
nos bebíamos completos,
en caída vertical,
sin vértigo alguno,
hacia las fronteras perpetuas
de nuestros cuerpos.
Dos gemidos silenciosos fuimos…

lunes, junio 25, 2012


Me suspendo en la noche, con una cuerda de cristal atada a mi pecho. Soy un clavo huérfano de crepúsculo, una piedra nocturna que no respira ni siquiera cenizas, un vidrio bohemio y enmohecido de silencio, un estertor sin saliva.

Vago errabundo, con el corazón deshabitado, sobre las horas enconadas del día. Llego a la puerta de tu casa y no me atrevo a tocar, siento mil hojas de navaja cortando la sangre negra de mi torrente, un frío vertical, una penumbra con el salobre color del olvido.

Le doy la vuelta a los segundos que pasan, ansío beber tus ojos nuevamente, ansío tu perfume congelado en mi garganta, tus pechos resurrectos sobre los míos. Sé que no sucederá nunca más. Te fui infiel. No perdonarás.

Regreso con el pecho despeñado, con la desvanecida cerrazón de tu recuerdo escudriñando mi sombra. No miro hacia atrás, pero sé que algún ojo me miró la espalda caída. Tal vez ella. Tal vez…

©Patricio Sarmiento Reinoso
 

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