miércoles, abril 07, 2010


Tu voz de lluvia, me incinera el hueco de la memoria. Salgo a la calle y nadie se da cuenta que el latido de mi corazón se ha detenido, que sangra en medio de dos lunas. Que soy un muerto en vida. La cabeza me da vueltas, no miro las costras borrosas de las caras de las personas, ni los semáforos, ni los autos, ni los arrecifes de la vida. Nada. Sólo una obnubilación viscosa se apodera por entero de mi, y me hace entrecerrar los ojos, cuando sigo escuchando tu voz, que impasible me borra el alma.

Un auto me pita, justo cuando intento por instinto atravesar la calzada, mis manos caen pesadamente sobre el capó y miro con ojos ciegos a la conductora: una señora mayor con seño fruncido y gritándome algo inaudible, pero enseguida, se transforma en ti sonriéndome, me volteo y te miro en una cabina telefónica,jugando con tu cabello mientras hablas. Miro a la agente de tránsito, eres tú. En realidad recién caigo en la cuenta que cada persona a mi alrededor son todas tú…

Tu voz de espanto me atraviesa, me vuelve loco, en medio del humo, de la gente, de la maldita humedad. Tengo la piel ausente, por tus besos que ya no serán. Miro el puente, no entiendo aún que estoy haciendo, incluso cuando me subo en el barandal. Todo se ve nublado. El río, caudaloso y lejano, corre sus promiscuas aguas allá abajo. Todo me da nausea. Solamente sigo escuchando aquel latido en mi cabeza, ese que tú pronunciaste hoy en mi cara, sin ningún pudor. Dijiste: “Ya no te amo…”


©Patricio Sarmiento Reinoso

1 comentarios:

Anónimo dijo...

todavia te amo....

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