domingo, febrero 06, 2011



No recuerdo tu nombre, sin embargo, aún concurren tus gritos o luciérnagas, que estampan las calles y los filos de las ventanas. Eres como una grieta clandestina, una voz que poco a poco se come las palabras, tirando los retazos de aquel amanecer, hasta las profundidades lóbregas de un  ayer emancipado.

 Recuerdo que fuiste y que fui, traslúcido grito de asfixia y piel, nave serena que esgrime cuchillas y temores, que tizna los colores de un mar desafinado, para enfilarte el rostro o la existencia, y hace relinchar al espanto o las piedras blancas que habitan en tu boca.     

 Tu nombre es espejismo o vendaval, una sombra impregnada de salmuera y olimpo, un postigo adherido al orificio nocturno de tu piel, que proyecta cual sumisa enredadera, sus vientos de  auroras ponientes.  


No recuerdo tu nombre, sin embargo lo escribo…


©Patricio Sarmiento Reinoso

2 comentarios:

Europa Prima dijo...

Como la vieja cicatriz de la que el dolor originario olvidamos pero allí permanece como el nudo testigo de algún sueño antiguo, tal vez realizado... un cuento exquisito Patricio, como siempre.

Patricio Sarmiento Reinoso dijo...

Así es Carmen, es esa cicatriz que se va difuminando con el tiempo, y ya no es mas... Abrazos querida poeta

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